80 kilos de marihuana se van a cosechar el próximo año para producir un aceite cannábico que promete aliviar el dolor de 200 enfermos de cáncer. La aprobación del proyecto, patrocinado por la fundación Daya, es solo un aspecto de lo que hoy se discute en las mesas de diálogo del Senda y el ISP
80 kilos de marihuana se van a cosechar el próximo año para producir un aceite cannábico que promete aliviar el dolor de 200 enfermos de cáncer. La aprobación del proyecto, patrocinado por la fundación Daya, es solo un aspecto de lo que hoy se discute en las mesas de diálogo del Senda y el ISP, donde el grupo más purista se inclina por restringir el uso de marihuana terapéutica a remedios envasados, abriendo el camino a las farmacéuticas. Mientras, miles de enfermos acuden al tráfico y a indoors para preparar su propia medicina. Esta es la discusión que se viene en el mundo del cannabis medicinal.
“El aceite de cannabis alivia el dolor de cientos de enfermos”, se lee en la cartulina rosada que sostiene una anciana en medio de un tumulto de coloridos lienzos que adornan el patio del Servicio Agrícola Ganadero (SAG). Es pasado el mediodía del lunes 8 de septiembre y se acaba de informar en una conferencia de prensa algo que hasta hace poco parecía impensado: la aprobación de la primera plantación de marihuana para uso terapéutico en Chile.
Los periodistas se abalanzan sobre los invitados y el público -la mayoría personas enfermas de cáncer- aplaude y grita. Todos confían en que el proyecto, el primero en implementarse en Latinoamérica, podría mejorar de manera considerable su calidad de vida.
En poco menos de un mes 600 semillas de cannabis feminizadas y 250 autoflorecientes, importadas desde Holanda, serán sembradas en un terreno de 300 metros cuadrados cedido por el municipio de La Florida a la Fundación Daya. Los requisitos de seguridad de la plantación serán estrictos: debe tener doble cerco, guardias de seguridad las 24 horas del día y rondas de vigilancia permanente por parte de Carabineros. Cada etapa del proceso va a ser fiscalizada por el SAG y todo lo que no se ocupe para la producción de la medicina deberá ser incinerado.
Luego de las cosechas, en enero y abril del próximo año, comenzará la fabricación del fitofármaco de marihuana a partir de las 425 mejores matas. Las máquinas reducirán los 80 kilos de cogollo recolectados a solo 8 litros de aceite cannábico que será sometido a estudios para indicar su concentración de THC y CBD, los dos principales componentes de la planta. El producto final, que contiene 4 variedades de cannabis, será repartido en dosis mensuales de 3 mL por paciente durante un año. Pese a que al proyecto ya se le dio el vamos, aún no se tiene claridad sobre quién costeará el tratamiento de los 200 pacientes -100 de La Florida y 100 de la Fundación Daya- que serán beneficiados con el aceite.
Lo que sí se tiene claro es que quienes se inscriban en el proyecto deberán pasar por análisis médicos para comprobar que tienen cáncer, están con tratamiento paliativo y sufren dolor desde el punto 4 hacia arriba en la escala EVA de valoración del dolor. Además, cada paciente deberá firmar un consentimiento para participar de un estudio clínico que va a realizar Daya con la participación de la Universidad de Valparaíso y la Fundación Arturo López Pérez.
El nivel de rigurosidad de este estudio, a pesar de ser aprobado por el SAG y el Instituto de Salud Pública (ISP), no cumpliría con los estándares exigidos a nivel internacional para probar la eficacia de un remedio. Para que esto sea efectivo se requiere que sea “doble ciego”, o sea, que exista un grupo de control que en vez de recibir la medicina reciba un medicamento placebo. Esto permitiría comparar los avances de ambos grupos y sacar conclusiones médicas. Pablo Meléndez, de la Fundación Daya, dice que descartaron la opción “doble ciego” por razones éticas: “no estamos dispuestos, al saber que una medicina funciona, a que a algunos pacientes se les someta a placebo”.
Pese a los beneficios que otorgaría la marihuana medicinal en pacientes crónicos y al reciente visto bueno de las autoridades, en las mesas de diálogo constituidas por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) y el ISP hay voces que critican la iniciativa por considerarla “tremendamente preocupante”.
-Lo que acaba de suceder es imprudente y poco recomendable porque no obedece a una política de salud clara al respecto. Podría ser la punta de lanza para abrir el consumo recreativo- dice María Luisa Jouanne, esposa del senador UDI Jaime Orpis, representante de Corporación La Esperanza en la mesa de diálogo del Senda. Para Jouanne la solución pasa por otro lado. “El uso terapéutico de la marihuana debiese ser en formato farmacológico, con receta retenida y un protocolo que indique para qué patologías se puede utilizar”, añade.
En caso de pacientes que no puedan acceder a los medicamentos, Jouanne propone incluso una subvensión estatal con tal de que las personas no tengan contacto directo con la planta.
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